Dani Dorfman está buscando una escapatoria.
No esperaba que un nuevo trabajo la llevara de Los Ángeles a Ámsterdam, pero tras haber sido abandonada y despedida casi al mismo tiempo, está decidida a hacer de ese cambio un nuevo comienzo.
Sin embargo, al final de su primera semana, la gran mudanza empieza a parecer un error aún mayor.
Especialmente cuando se estrella con su bicicleta contra Wouter van Leeuwen, el atractivo estudiante holandés de intercambio que conoció hace diez años.
Su primer amor. Hasta que él desapareció de su vida sin dar explicaciones.
Wouter también se encuentra en su propia encrucijada: para heredar la preciosa casa familiar junto a los canales, necesita casarse. Y cuando el trabajo de Dani se desmorona, ella necesita un visado.
Dani está convencida de que Ámsterdam es solo algo temporal.
Pero ¿y si los encantadores caprichos de su nueva ciudad -y una segunda oportunidad en el amor- se convirtieran en las razones para quedarse?
Hay autoras a las que esperas como agua de mayo. Cuando anuncian una nueva novela, el corazón se acelera y no te lo piensas dos veces: vas a por ella como un sediento en
medio del desierto.
Ese es mi caso con Rachel Lynn Solomon, que, de la mano de Titania, nos trae LO QUE PASA EN ÁMSTERDAM, una novela de romance contemporáneo autoconclusiva, narrada por nuestra protagonista, que nos llevará a un viaje capaz de cambiar una vida.
Dani siente que necesita un cambio radical después de todo lo ocurrido en Los Ángeles. Su delicado estado de salud marcó gran parte de su vida y la convirtió en una mujer insegura, temerosa de entregar el corazón y volver a salir herida. Tiende a huir antes de enfrentarse a lo que siente. Está muy unida a su familia, a la que adora, aunque la sobreprotección con la que la rodean a veces termina por asfixiarla. Es una protagonista cercana, de esas a las que acabas cogiendo muchísimo cariño.
Wouter es un hombre profundamente entregado a su familia. Tras una pérdida que lo marcó para siempre, dejó a un lado la pintura para dedicarse por completo a cuidar de los suyos, olvidándose de sí mismo por el camino. Es noble, generoso y honesto. Sabe
reconocer cuando se equivoca, habla de frente y, cuando hace falta, sabe dar espacio aunque le rompa el alma. Es, sencillamente, uno de esos protagonistas que enamoran.
En cuanto al resto del elenco, solo puedo decir que es encantador. Me conquistaron especialmente las hermanas de ambos protagonistas, aunque, en realidad, todos los personajes aportan algo especial a la historia.
La ambientación también merece una mención. Se nota que Rachel Lynn Solomon conoce Ámsterdam y siente un cariño especial por la ciudad. No se limita a utilizarla como un escenario bonito; consigue que sus calles, sus canales, sus museos y su historia formen
parte del propio viaje emocional de los protagonistas.
¡Qué ganas tenía de hablar de LO QUE PASA EN ÁMSTERDAM! Si hay algo que siempre destaco de Rachel Lynn Solomon es la humanidad que imprime a sus personajes. Lejos de construir protagonistas perfectos, apuesta por personas reales. Dani tiene una mancha de vino de Oporto en el rostro que llama la atención de quienes la conocen por primera vez. Wouter, por su parte, convive con humor con las primeras señales de una futura calvicie. Son pequeños detalles que no los definen, pero sí los hacen únicos y tremendamente humanos.
A partir de un reencuentro inesperado entre dos personas que compartieron mucho durante su adolescencia y que, sin saberlo, han seguido anhelándose con el paso de los
años, la autora construye una historia llena de emoción. Entre museos, un peculiar trato entre ambos y una boda que parece marcar el destino de todos, el amor vuelve a hacer de las suyas.
Pero esta novela habla de mucho más que de romance. Dani emprende el viaje más importante de todos: el de encontrarse a sí misma. Necesita aprender a ser más valiente, dejar de huir y permitirse sentir sin miedo. Y ese crecimiento personal convierte la historia en una lectura tan bonita como emotiva.
Si algo admiro de Rachel Lynn Solomon es precisamente que nunca recurre a protagonistas de catálogo. Sus personajes tienen inseguridades, cicatrices y rasgos que los hacen diferentes. Son imperfectos. Son reales. Y quizá por eso resulta tan fácil enamorarse de ellos.
Yo, desde luego, he vuelto a hacerlo.
Feliz lectura.


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